No veo contenido más profano, que aquel que alberga el cascarón puritano, de igual forma yo en constante conflicto, vivo arrebatos entre lo celeste y lo impío.
Tanta santidad carcome mis huesos de inmundcia y la vez la suciedad exalta mi espíritu.
Es comer la verga un forma repentina de eucaristía y a su vez innumerables veces, oh como me resulta insatisfactoria en cuerpo, mente o alma tal ceremonia.
Me estoy condenando cada día más a ardientes contradicciones que, cada noche depositan nuevas cenizas a la parte cóncava de la luna y no por ello cesan en una bilateral virtud, de dar luz constante a las mañanas.
Me resulta todo tan inquisidor a momentos, sin embargo no he de negar que es a partir de esto que he llegado a experimentar la mayor de mis plenitudes.
¿Es caso porque escribo esto de forma un tanto desesperada, como un intento de respiro, ya que me encuentro con el alma encerrada en un cuerpo pasado de horas para andar vagando, que no pienso claro en lo magno y me pierdo en el envoltorio consecuente de una vorágine ardiente, que entorpece mis palabras después de haberme nublado el pensamiento?
Al mismo tiempo es tan demandante el ajetreo del deber, tanto así que se ha solidificado y se construye como eslabones, ya veo por tanto que, entre más de ellos hay, más espacio tengo para obrar pese a mis cadenas, pero no por ello, he dejado de ser prisionera, ante tan terrible ilusión, vicio de esclavitud, lo placentero, lo ambiguo, lo estúpido, lo bueno, es que para liberarme solo debo construir la llave, pero lejos de las herramientas... "a como pueda"
¿Cuán terrible es el estado de alta latitud emocional, que además de restringir la obra en los entorpecimientos del raciocinio limitado y acción carente, reflejante total del acontecimiento pobre en cuanto a la mente y lo espiritual, se torna ida toda la útil energía, una vez pasado el inminente "berrincheo"?
Hay calma sabia en la naturaleza, una vez terminada la tormenta, pero ¿cuánto está el hombre por debajo de esta?, no es que siempre de la misma manera sea, pero es cierto que ocurre, como a mi ahora.
De muy poco me sirve la inconformidad y la rabia, al contrario desespera que me estorba.
Ya no tengo tiempo pues, para andar alzando escombros y librando los estorbos, aunque enfrentarlos quisiera, veo sumamente comprometida mi fuerza, para ser mal usada ahora y en cambio escasa, en el momento crucial.
Sin embargo es parte de la condena humana el círculo "la condición condicionada" por ello no habré de librarme sin ser santificada y heme aquí, renunciando a mi ira, siendo ella el mayor de los pecados, lo que quebranta la valerosa obra que me trasciende.
Mis pasiones me hacen arder en forma tal "que resulta casi bien, toda esa rúbrica temperamental no se distingue su verdadero mal, en quien se da a crear" Pero es siempre tan fácil juzgar, en un "tan solo mirar"
No debo, por tanto, negarme a la osadía de renunciar a razón personal, a las raíces de mi mal. Con tal de lograr honrar la fe que de mis huesos, de mis ojos, de mis cienes, de mis dientes, de mis labios, de mis manos, de mis dedos, de mis huellas, de mis pies y mis cabellos, de mi sangre, oh mis células, de mi garganta, oh y mi lengua, de mi sexo y de sus pliegues, de los misterios de mi carne, del sudor que en mis poros nace, de mis fuentes pontificias o mundanas, del acto o el sueño de mis palabras, del pensamiento que bendito sea, de mi escritura maltrecha y las obras más bellas, de mi barro, de mi agua, de mi sal, de mi estructura material con rincón artificial, así como de mi figura más espiritual, ha de brotar.
Como es que, en mucho intento de en el lenguaje de la tinta hablar, planeo algo de la fiebre aminorar, lo mismo que en estado sublime el silencio es mi templo, cuándo las mayores virtudes me visitan.
Claramente hoy, ando hecha un ángel del demonio, una criatura impropia, por ello es que, pese a no tener nada bueno de que hablar, uso y uso las palabras, tan sucias y regurgitadas, salidas de mi vientre impuro, tan dando al dolor de la memoria, es de vez en cuando el recuerdo, una fruta mal guardada que se pudre y envenena las entrañas. Mas no sólo de eso he venido a contaminarme las vísceras, también de costumbres en el vicio hueco y deseos escasamente logrados.
He comido con las manos sucias de pasado, tengo un nido de amibas creciendo en mis adentros y en lugar de usar los adecuados medicamentos, me doy placebos, chochos que huelen a licor y saben a azúcar, cuya única sustancia "activa" son los magníficos posibles futuros, jamás comprobados.
Cada acto presente, me mata uno que otro bicho y solo así, es que el alimento puede nutrirme.
Nutrirme de manera constante quiero y para ello, purificarme debo.
Ando descalza de vez en cuando entre los vidrios y la tinta regada, o las espinas del jardín de abajo, ando en silencio cuando puedo y me debo al estudio más que a cualquier otro deseo.
Pero no por ello, tengo en mi aula un convento, ni en mis pasos llevo, la mínima huella de un verdadero víacrucis, es decir, no me estremezco en la tierra, aunque las ramas de los árboles me mesan, vivo entre sueños y realidades, soy un emblema subjetivo, un fantasma a lo mucho, un ser amorfo, un cuerpo humano con extremidades irreales, tengo alma de monstruo y de igual forma, entre los hombres ando, oculta, observando, queriendo hacer algo, termino llorando.
Me pregunto si un ser con tanto horror formado, de dios tiene el perdón, si el humano no se comprende así mismo, no espero que lo haga conmigo, es cierto que entre más me acerco a la ciencia del estudio espiritual, más soy capaz de percibir la esencia del hombre y más le amo, sin embargo más siento a mi interior falto del sustento divino, andar en el mundo no solo andando, sino involucrando cada paso, es bastante complicado, entonces la sabiduría se vuelve humildad y se siente el ser tan descalzo , que a mayor conocimiento se carece de tanto.
Es en la concepción de lo mayor, donde siento el abrazo de la presencia extraterrenal, un sentido que me acoge y me invade, una conducción al sendero que me ayuda a no sentirme sola.
Se por ello un tanto de la respuesta a mi pregunta anterior y me parece que dios no solo me ha perdonado, sino me viene acompañando, por algo hace tiempo mis momentos más aislados no se sienten privados de compañía y existe una compleja sensación de complemento en medio de la nada, momentos en que me toca una presencia intangible y deseo que me tome de la forma más profunda.
Mi eclosión es, no haber cascarón puritano, sino un contenido regándose en trozos manchados.
Mi sangre se va regando en cada uno de mis actos, por ello muero y me agobia hasta el pensamiento, tengo una enfermedad que no se mide con instrumentos médicos y una cura que no es fácil de hallar, pero mis ojos han podido hacerlo cuando se desvían del objetivo al infinito.
Mis ojos se conducen por si mismos a la respuesta, estoy muy enferma esta noche, espero estar mejor por la mañana, para ello invoco la santidad, a la inefable y divina visita, que en mi se interne, que llegue a mi casa, a mi cuerpo, a mi alma.
Estoy hecha una bola de carne blanda, se me abre la piel, se me ausentan las ideas y los pies me pesan, sé que no moriré aún y me alegra, pues de ser así, al inframundo caería por peso propio, es que aún debo aprender a ser más ligera, por esto es que mi momento no ha llegado en ese sentido, mientras que en otros ya se ha inaugurado.
Debo dormir, intentando elevar mi pensamiento y purificar mi cuerpo, para liberar la sustancia del espíritu pleno, debo estar lista para nacer con el nuevo día, que a la luz del sol, el génesis no demora, ahí está el verdadero amor, la honra de la obra, ahí está mi tiempo de perdón y mi deber magno, ahí estoy yo, esperando.
Cómo puede un ser tan poco digno acercarse a lo sacro, sino por medio del conocimiento humano, de ahí nace el milagro de la fe, de la asimilación profunda del todo casi inconcebible y el acto inimaginable de cualquier nacimiento, la aparición natural de la más grande sabiduría, la presencia invadiendo cada estancia, ósea "la omnipresencia", el manifiesto de la inmensidad de cada cosa pequeña, el asombro que embriaga a aquel se sabe poco o se mira casi nulamente sabio, pero que de aprender tiene sed.
¿Es el deseo a lo sabio, la sed de dios en lo humano? Tanto misterio divino, me corta los hilos que daban movimiento a la incredulidad y me liberan.
Tanta inmensidad no me está llenando de aire, me refresca la frente, pero nada más, es que sabiendo que la certeza no solo se aucenta en lo divino, sino en todo asunto terrenal, dios deja de ser absurdo y se convierte en algo tan esencial.
Yo, llevo tanto pecado en las venas que de mi sangre podrían brotar cosas muy bellas, pues es la mancha la mayor virtud de quien le sobre pasa, el mérito del santo no es ser santo, sin antes haber sabido sentirse humano y aún con ello ser santo, tanto es así, que dios hizo hombre a su hijo, aunque no pudo lograrse el objetivo entero, al haber sido concebido en la pureza, por madre el cuerpo libre de pecado, aun así claudica a momentos y es más hermano del hombre el hijo de dios, que dios mismo, por ello su sangre regada, brindó la flor del perdón, porque perdón más que olvido es un acto de comprensión, quién entiende más allá de si mismo, no necesita redimir a nadie, ya que ni siquiera hay un juicio severo, al no perder de vista que todos, somos parte del juicio del mundo entero.
Estoy tan débil ya, cual preví en párrafos primeros, después de toda la erupción y la furia regada que brotó del área más interna la vitalidad se me va, por ello es que debo concluir ahora, o igual más tarde he de hacerlo si conciencia, sencillamente, por falta de fuerza.
No ha llegado para mí la luz del nuevo día...sin embargo, no es muerte total lo que respiro.
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Jun, 2017
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"Carta Prosaica y Redención" Anna Asspa.
Ilustración: Dasha Pliska.